viernes, 20 de septiembre de 2013

La ley del Más Pobre

 -La ley del más pobre se aplica por necesidad y no por obligación. Con decirte que mi vieja nos hacía sacar las medias cuando volvíamos del colegio para que no se gastaran. Pero lo mío no fue pobreza honrada. Dentro de lo que es inocencia infantil, yo fui un hijo de puta.
                -La maestra pidió calculadora, simple, de cancha, y al no poder comprarla saqué la conclusión de que   Las calculadoras Casio Científicas no se compran, se afanan. Pero no era una pobreza simple, nosotros éramos pobres… pero con alevosía. Fijate que teníamos que escuchar a las amigas de mi vieja decir que el frío las hizo engripar, que los colchones que tienen no son anatómicos y les da dolores de espalda, que aumentó el precio de la comida del gato. Nosotros nos comíamos al gato, dormíamos sobre las tablas de la cama dibujando cuando nos levantábamos un pentagrama en la espalda. Vos no tenés un mango pero te abrigás con una campera John L. Cook. Yo me abrigo con trapo que pude arrancarle de los dientes al perro.
- Igual, los dolores de espalda se claman cuando uno siente hambre. Y no el hambre de Hoy No Almorcé. Hambre de mirar el almanaque y preguntarle a mamá: “Ma, el domingo ¿Podemos comer algo? Mi vieja… mi vieja no nos dejaba jugar a la comidita por no alimentarnos la esperanza.
                -Y el perro se llevó la peor parte. Un día lo atropelló un auto y quedó medio roto, necesitaba un veterinario, pero mi viejo no tenía plata para pagarlo, y no sabíamos cómo hacer para curar al perro. Un día el perro desapareció, y yo creí, con todo mi pesar, que fue como los gatos, que se van para morirse lejos, no sé si se pierden o les da vergüenza. Después de una semana, el perro aparece caminando, contento y todo vendado. ¡No lo podíamos creer! Como mi viejo no lo llevó tuvo que ir solo el pobre perro.
                - Mi viejo nos decía que Trapito se murió porque querían convertirlo en Galgo, pero que no aguantó el tratamiento. No sabés cómo lo lloré a ese perro, encima de la parrilla, más el hambre y el dolor de espalda no me podía levantar.
-Sin perro y sin nada para hacer, había que inventarse los juguetes. Nunca fui de matar pajaritos porque una vez apunté, fallé, mi vieja me vio la intención y me recagó a patadas en el orto y me dijo que eso no se hace, que si no me lo voy a comer, eso no se hace.
- Pero para hacer una gomera faltaban materiales. La horqueta, una rama de cualquier árbol. Y la manguerita de goma no la podíamos comprar. Con mi vieja fuimos al hospital a que me hagan una nebulización. Mi vieja me decía “Ahora vengo, quédate acá”. Y me quedaba solo. Arrancaba la manguera y me la llevaba saltando por la ventana a encontrarme con mi vieja en la esquina del hospital. Cuando llegaba mi vieja ya me estaba esperando, con una silla de ruedas en cada mano. “Má, ¿qué estás haciendo?” “Bueno, che. Yo no tengo muebles de jardín.”
- Mi vieja. Mi vieja fue la hermana mayor que me guiaba en un camino lleno de picardías. Me mandaba sin plata a comprar un pollo trozado y me guiñaba el ojo. Un pollo entero eran cuatro palomas. Ahí sí tenía autorización para usar la gomera.
-Me mandaba a cortarme el pelo como último recurso para no parecer un mono.
                -“Tenés el pelo muy largo, andá a lo de Mamani”, me decía mi vieja. Y yo iba. Yo le decía “El Coiffeur Internacional”, pero era peluquero y boliviano, el mejor peluquero raso que conocíamos, porque cortaba todo al ras. Siempre habían más clientes esperando antes que yo, pero eran todos chicos: Kaniches, Cocker, perros de compañía. Y me tocaba a mí. Me hacía llevar mi propio peine, porque el peluquero no quería que le llenara de pulgas el suyo. “¿Cómo te vas a cortar?”, preguntaba Mamami. “Económico”, decía yo. Agarraba un pelapapas… y empezaba de adelante hacia atrás muy muy rápido, y cuando terminaba tenía que volver cagando a casa antes de desangrarme. Imaginate lo que era para mi hermana la depilación. ¡Una matanza!
-Un día me harté de ser pobre, y quise que dejara de importarme. Mi viejo era albañil, y me decía que la pobreza te enseña, pero que la estupidez te hace hacer cualquier cosa. Y eso hice. Hice cualquier cosa. Nunca me metí en el afano ni en las drogas, pero era un pendejo que se la pasaba en la calle con los amigos, haciendo changuitas como cortar el pasto a algún vecino, limpiar una que otra canaleta, descargar uno que otro camión, ayudábamos a los soderos o los que traían bebidas para el almacén a descargar la mercadería y cobrábamos una cerveza. Don Carlos, el dueño de la fábrica textil, que por cierto facturaba mucha plata, nos llamó porque quería que le ayudemos a poner chapas nuevas al techo del depósito. Y nosotros fuimos, total, estábamos al pedo. Desde ahí arriba se veía todo, y por diez pesos cada uno nos sentíamos adultos trabajando por buena plata. Y vi a mi viejo desde allá arriba que estaba haciendo el pozo ciego de mi casa, y le pegué un grito para saludarlo. Venía con la carretilla cargada cuando le grité y me miró, y la rueda se le trabó con una raíz que salía del piso y se llevó por delante la carretilla. Mis amigos se ríeron… Me dio tanta vergüenza… Me dio vergüenza ver a mi viejo trabajar solo y yo, forro hijo de una gran puta, haciéndole favores a una persona tan poderosa como miserable. Me bajé de ese techo y fui corriendo a ayudarlo. Le levanté la carretilla y vi que estaba cansado. Me dijo: “Gracias hijo por ayudarme”. Y yo le dije: “Gracias por qué? Si la pobreza me enseña, y hoy aprendí que es muy valioso ser humilde… Y YO SOY EL MÁS HUMILDE DEL MUNDO!


                                                               Cuiden a papá, cuiden a mamá, no sean malos, y hasta la próxima.

sábado, 27 de julio de 2013

La Ansiedad Tiene Patas Largas

                 -Para empezar el video, tirar preguntas o frases cortas, representarlas. Por ejemplo:
“¿Soy consciente de que soy ansioso? ¿Cómo detectar un nivel elevado de ansiedad? Eso no lo sé, y no veo la hora de averiguarlo.”
(Mostrar video de mí fritando una milanesa, y como tarda mucho decido comerla cruda, sacándola de la sartén con un tenedor y amagando a comerla entera. Clavo la cámara ahí, renderizar en JEPG, para tener una instantánea de igual calidad sobre el último fotograma. Acercarlo mientras sigo hablando. Acá puedo hacer el efecto “Sin Limite” con fotos).
               
                La vida es una sala de espera. Esperás a que el médico te atienda, esperás a que el semáforo te deje pasar, esperás a que tu hermano y sus amigos suelten la play que los tuyos se están durmiendo, esperás el viernes, esperás ¡las comidas rápidas! Eso es el colmo. Debería llamarse “Comida a Media Máquina”, la comida rápida es un sanguche de salame y queso, un paquete de galletitas, pero esperando las comidas rápidas, lo primero que te sirven son las uñas, para que te las comas mientras esperás. Pedís una pizza por teléfono, te atienden re apurados, esto va a llegar rápido, hoy comemos temprano. “Mandame una pizza y dos fainá, una coca grande y servilletas que me quedé sin estopa.” “¿Cómo quiere la pizza?” “Rápido la quiero. Te paso mi dirección: Treinta y tres Uruguayos 1589, planta baja depto A de Apurate que tengo hambre. ¿Cuánto hay de demora?” “Calculá unos cuarenta minutos”. “¿Por qué tanto? ¿La traen rodando? No, dejá que la voy a buscar yo.” Cortás, llamás a la remisería. “Traeme un auto, ¿Cuánto hay de demora?” “Hora y veinte más o menos. ¿Se lo mando igual?” “No, mejor ándate a la puta que te parió”. Cortás, te das la cabeza contra la pared y gritás ¡¡TENGO HAMBRE!! Te vas caminando, apuntás a la pizzería y te cruzás con un barsito. “Ya está, como acá. ¿Y la pizza? Que se la meta en el culo”. Punto Número uno: Si no querés morir de ansiedad por esperar la pizza seguí este sensillo procedimiento: Tratá de tomarte una coca-cola grande entera en un minuto y medio. No sirve para nada pero al menos te vas a entretener eructando.
                Vamos a agilizar los trámites. Te compraste un  teléfono que vale lo mismo que tu televisor. Como este. Uy, mirá, tiene Whatsapp, tiene WeChat, Tiene Facebook, tiene GPS (que significa Ganga Para Siomes), y las aplicaciones de un teléfono común y corriente: calculadora, linterna que no alumbra, una cámara de la re puta madre profesional para sacar solo fotos movidas y un juego que es de lo más estúpido y aburrido. Vamo’ a mandarle un mensaje a Carlitos. (Escribo un texto corto) Listo, enviar. ¿Qué mierda pasa que no lo manda? ¡Mandalo, mándalo! Ahí ta, ya mandó. ¡CONTESTÁ, CONTESTÁ! El GPS del teléfono me tarda media hora en marcar un recorrido en auto. Si tuviese auto, tiro el teléfono por la bocacalle, porque voy caminando y llego a destino antes que el GPS. Los fanáticos del teléfono y todas las aplicaciones tienen el teléfono en la mano las 24 horas del día, y de la noche también. Pero cuando los llamás no atienden. Suena cinco veces y cortás, sino te atiende la mujer más odiada del mundo y encima te gasta crédito. Te quedaste solo, vamos a buscar las porno arriba del ropero. Te subís a la esclaera y cuado estás arriba se te rompe el peldaño y mientras vas cayendo vas rompiendo los de abajo, exceto el último, que cuando lo pisás te fractura la gamba. Te arrastrás hasta el teléfono y tratás de llamar a tu hermano que vive a media cuadra. “Solo llamadas de Emergencias”. ¿¡Y qué mierda es esto!? ¿Un chisme? Llamás a emergencias y te atiende una mujer de voz muy calma y dulce y sexy y fogoza y te dice “Buenas Tardes, ¿Cuál es la emergencia?” “Conocerte, mi amor”. “ Señor, este es un servicio público, no es para joder”. “No!, No, pará. Sí, tengo una emergencia. Me fracturé la gamba. Necesito una ambulancia.” “Tenés una demora de 40 minutos”, PERO Y LA PUTA MADRE Y ¡¡¡BUM!!! Reventás de ansiedad y bronca. Punto Número 2: Si no querés morir de ansiedad por la tecnología que no funciona, en plena era digital, “Tomate una dosis de chamamé, vení a divertirte con “Amboé””.
                Hay que mejorar tu vida. Basta de esperar, la ansiedad es mala. Cuando notes niveles elevados de ansiedad, bañate para relajarte, dormí para relajarte, tirate en el piso de la cocina para relajarte, tomate una birra para relajarte, y la madre del relax: hacete una paja para relajarte, que después te vas a sentir como secién levantado: “Uy, fue fuerte esa, eh. Estuviste fantástica. Muaa! Puaj!” Para cambiar tu vida tenés que cambiar tu estilo de vida de raíz. Te hacés echar en tu laburo, y te hacen esperar el telegrama en casa. No te alteres. Cambiás las sillas, la mesa, la cocina. Pintás tu casa, y la parte que desespera es cuando tenés que esperar a que la pintura se seque. En la lata dice de 2 a 24 horas de secado. ¿Por qué no ponen algo más específico? Esto es lo mismo que decir “Vos pintá que algún día secará”. Me voy a dormir. Te levantás al otro día, tocás la pared y está seca. Seca, las pelotas, te apoyás con confianza mientras hablás por teléfono y te queda un dibujo abstracto en la espalda. Punto Número 3: Si no querés morirte de ansiedad por esperar a que la pintura se seque, antes de ponerte a pintar, hacete un baño de crema, pero en vez de crema hacelo con pintura. Vas a desear que no se seque.
                Algo bueno tiene que pasar, y lo bueno que pasa cuesta mucho, y tarda mucho. Te hace esperar. ¿Cuándo va a llegar el amor en mi vida? No veo la hora de que nazca mi hijo. ¿Me van a ascender este año? ¿Cuánto falta para nuestro viaje de vacaciones? ¿Cuándo viene la pizza? Y lo bueno es lo que trae ansiedad. Lo malo preocupa. Lo bueno se ansía. Sino sería como “¡¡¡Llegó el día, carajo!!! ¡¡¡Hoy me cagan a trompadas!!! Nada que ver. Yo soy muy cagón. Si sé que me van a cagar a trompadas, no hay nada ni nadie que me saque de debajo de la cama. Y las cosas buenas, si no es posible ir a buscarlas hay que esperar que a la vida se le cante escupirte de alegría. Punto número cuatro: para no morir de ansiedad esperando algo bueno, sé pesimista. El pesimista cree que nunca nada bueno va a venir, y si viene va a ser menos de lo que esperaba. Y cuando llega hace pum! Y estalla de alegría.
                Antes, en la época de tus viejos, las cosas no se controlaban tanto, como a qué hora va a salir en avión, a tal hora empieza el partido, el puntaje del rating, la graduación alcohólica, el ciclo menstrual… El ciclo menstrual se medía cada tres meses, llegaba la señora de la casa y decía “ mi amor, vamos a tener ooooootro hijo. Tengo un atraso de unos tres o cuatro meses”.  Jajajaja, era cuando las ventanas se rompían y veías al tipo salir corriendo. Muchos volvieron. Otros… como me contó mi mamá, se los comió un oso… el oso lo vomitó y así lo encontramos de vuelta. Y si querés tener un hijo, volvé al punto número cuatro, sé pesimista. Yo no tengo hijos y digo en voz alta que no los quiero, como decía mi viejo, nomás que él ya nos tenía. Y si no querés tener un hijo…. ¡¡Ponete un forro, pelotudazo!! Sino se va a convertir en el polvo más caro de tu vida. Punto número cinco: si estás esperando que venga ese hijo de puta que viene una vez por mes y que justo agora no viene… vas a estar más apurado por conseguir un buen trabajo que la ansiedad te va a chupar un huevo. Y si viene… Volvé al punto número dos: tomate una dosis de chamamé, venía divertirte con Amboé…
                Muchas gracias, hasta la última!
               

                

sábado, 26 de enero de 2013

La Guerra De Los Sexos Terminó.


Ya es clásico el tema de la Guerra De Los Sexos, y nunca llegaron a un acuerdo. Solo se gana cuando discuten sobre qué sexo es el mejor y la otra persona es medio mongocha. Porque si jugamos de igual a igual, nunca vamos a llegar a una conclusión. Y yo ya tengo la conclusión, y no hay guerra de los sexos que valga la pena pelear, porque somos la misma mierda.
                Muchas mujeres se quejan de que el hombre es mentiroso, que en la conquista mienten mucho, y de esto se dan cuenta cuando ya son novias de estos adictos al envido, porque es totalmente diferente.
Es el día y la noche, un tipo chamuyando, cotejando, haciéndose el galán para lograr algo de cariño, amor, sexo y lavandería, y un tipo que exige lavandería, el sexo es un perfume barato porque ya no se siente nada, el amor se le fue a comprar pan y nunca volvió pero de vez en cuando llama, el cariño es para los perros y de galán sólo le queda la ropa limpia, gracias a la lavandería.
Antes te daba unos besos tan lindos que los tobillos ya no te sostenían, te hacían el amor como si fuese la primera y sospechando que era la última vez. Y te acariciaba todo el cuerpo con una delicadeza que se te hacían charcos en la cajeta, y te decía cosas que de solo me estoy mojando yo también. Este tipo te trataba como nadie te había tratado la última semana, y te convencías de que, si no es el hombre de tus sueños, podría serlo, porque te agarraba hasta cuando estabas dormida. Te pusiste de novia y el Príncipe se convirtió en sapo. El mate se lleva los besos más calientes, y los que te da a vos son del menor contacto posible, parece que le duele la boca, hace así (muestro beso cortito). Lo bueno es que los besos fuertes, calientes y bien dados vuelven en algún momento de la relación, y vos sabés cuándo vuelven: cuando te quiere coger. Ya no te hace el amor, te coge a lo qué me importa, falta que te deje la plata en la mesita de luz. Cuando termina, mientras esperás que el tipo se avive de que vos querés abrazos y besos tiernos en el cuello para bajar el ritmo cardíaco y relajarte, el tipo prende el televisor y busca el resumen de la B y se queda dormido antes de encontrarlo. El tipo termina y desea que te conviertas en paty, pero esto es natural. Supuestamente, después del enchastre, el hombre recibe una hormona en el torrente sanguíneo que hace que le dé sueño, y eso a la mujer le molesta. Y la mujer segrega una sustancia que le produce un sutil estado de angustia, una delicada línea de depresión casi imperceptible que la pone sensible y necesitada de amor, y eso al hombre también le molesta. El tipo quiere paz. Las caricias ya no son caricias, y te trata como si fueras su madre. Y no como nene chiquito a la madre, sino como un adolescente a la madre: “uuuuuh, no me lavaste los calzoncillos.” y las sugerencias: “refregá bien la parte de atrás, que sino no le sale bien la caquita que tiene pegada.”
El romanticismo en el hombre es diferente, tanto que ni se nota. Pero el hombre cree ser romántico cuando una mujer se lo reclama. Pasa que el hombre muestra una carta de presentación, muy romántica y cariñosa al principio para convencerte de que estás con una persona única, especial. Lo que la mujer no sabe, o sabe pero se hace la boluda, es que todos los hombres impresionan con esa primera impresión, esa carta de presentación. Y después la mujer se queja de que el romanticismo se perdió y lo único que a él le interesa es el sexo. Noooo, esto no es así, no es verdad. Al hombre también le interesa tener plata y ganar el superclásico. Además, hay que bancársela, che. Es como querer tener un hijo sabiendo del dolor que produce un parto.
Por otro lado, el hombre también tiene razones para quejarse de la mujer. Porque el hombre, en toda su adolescencia y más también, estudia la manera de persuadir a la mujer, busca la manera de convencerla y tratando de no darle tintes guarros, todo para, al menos, intentar un poco de felicidad para los dos, y ella solo dice sí o no como si fuese Cleopatra, caprichosa, autoritaria y cruel. El hombre no nació para pensar, pero hace un esfuerzo y hace lo que hace por tener un poco de lo que las mujeres dan. Pero cuando es la mujer la que intenta persuadir al hombre, habla de la misma manera que él, así de complejo, con juegos de palabras, indirectas e ironías. La mujer es taaaaaan complicada que cuando le pedís que sea simple, no puede. Yo te hago el juego complejo como a vos te gusta, vos lo cazás y me decís: “Mirá, yo acabo de salir de una relación seria que terminó muy mal y prefiero estar sola un tiempo. Quiero decir, sola sin compromisos, porque podríamos conocernos pero no vamos a llegar a nada serio porque estoy entrando en etapa de duelo, y no se puede cruzar ningún interés amoroso porque no te quiero lastimar. Si estás de acuerdo en que seamos amigos, quizás con derechos, perfecto, el viernes estoy libre. Eso sí, eh: Si vas a estar al mismo tiempo con otra mina, no me lo digas. No quiero saber. Ah, no me gustan las flores, me incomoda que me abran la puerta del auto, tengo los dos brazos, puedo hacerlo sola. Si vamos a comer a tu casa, yo no cocino. Tengo los dos brazos pero tampoco soy tu sirvienta. No me gustan los besos fogosos en público, no quiero que me toques el culo en público, no me gustan los besos en el cuello cuando estoy tomando gaseosa, no me gustan los hombres sucios que tienen olor a pony, no tengo sexo si no hay preservativos, no entrego la colita y no chupo pija.” Así tenés que decir las cosas, así es más simple meterte una patada en el culo. ¿Cómo no vas a chupar pija?
Además, la mujer es el bicho más manipulador que existe. No de la nada salió ese viejo y conocido refrán: un pelo de cachucha tiran más que una yunta de bueyes. Se aprovechan de la debilidad del hombre. Y el hombre es sensible, no puede ver a una mujer llorar porque entrega el mundo a cambio de verla feliz. Y la mujer llora porque la educaron así. Te digo porque tengo hermanas, y mi vieja le decía a mi hermana: “mi amor, cuando el hombre se niega a hacer lo que le ordenás, llorá. Llorá que se va a arrepentir de haberse negado.” Y mi viejo me dijo sabias palabras: “Jamás creas en el llanto de la mujer ni en la renguera del perro”. Segundo mejor consejo recibido en toda mi vida. El segundo, porque el primero es de mi mujer, que decía “haceme caso, amor pelotudo, porque te vas a dormir al patio con mi último ex, que lo mandé a comprar forros y me trajo papel araña.”.
Mirá cómo son las cosas: por un lado, la mujer es complicada, y por otro lado es manipuladora. Entonces, deja al hombre como a un pelotudo, lo lleva de acá para allá, hacé esto, hacé aquello, y ningún hombre lo podría negar en un estado total de sinceridad. Más de uno dirá: Naaa, yo hago lo que quiero, y mi mujer ni se entera, a mí nadie me da órdenes, yo hago lo que quiero”. El hombre que dice eso no solo es un pelotudo sino que también se rebaja a su nivel. (jajaja) Pero por esa cosa complicada de las mujeres, muchas cosas qe hace el hombre, ellas no logran entenderlas. No puede ser que sea tan simple, y sí, es así de simple. Por ejemplo: Cuando vamos en la ruta, el tipo agarra un atajo, y aparentemente se perdió. Ella rompe las pelotas con que pare y pregunte, “pará y preguntá”, dice la hija de puta. Lo que la mujer no entiende es lo siguiente: ¿A QUIÉN MIERDA QUERÉS QUE LE PREGUNTE, SI SON LAS DOS DE LA MAÑANA Y EN ESTA RUTA DE MIERDA NO QUEDARON NI LOS FANTASMAS? Hay fiesta, las dos opciones, formal e informal. La informal: El tipo se calza una remera, cuello en V, un pantalón de vestir acorde a la remera, zapatos y si hace frío un saco sin cuello que queda joya, se pasa el rastrillo por la cabeza, se lava los dientes, se vuelve a peinar, gel, la barbita un poquita crecidita va como piña y el celular en el bolsillo. La formal: saco, camisa, corbata, pantalón de vestir, zapatos, medias finas, y celular en el bolsillo. La mujer.... formal e informal.... Una avalancha de ropa cae del ropero cuando abre la puerta. Hay un estudio científico hecho por hombres que trata de establecer qué mierda hace la mujer cuando se viste para una fiesta, y el resultado es inconcluso. El estudio hecho por las mujeres para saber qué hace un hombre cuando se viste todavía no fue llevado a cabo porque ellas todavía no deciden qué ponerse para hacer el estudio. Lo que es cierto es esto: primero se prueban todos los vestidos, descartando de a uno porque este le queda corto, este le queda largo, este demasiado largo, parezco una evangelista, este me hace las tetas caidas, este me las separa, este queda perfecto, pero turquesa, no pega con mi celular, este me queda re bien, voy a ser la diva de la fiesta. Pero ¿Y si mejor voy de pantalón? Se saca el vestido y empieza con los pantalones, que les queda todos chicos. Y no porque sea gorda, porque los compran chicos. ¿Cuándo fue la última vez que viste a una mujer poniéndose un pantalón y que no haga así (imágen)? Más de uno no se acuerda cuándo fue la última vez que vio a una mujer, pero lo cierto es que sea gorda o sea flaca, siempre entra a presión esos pantalones. La parte del maquillaje tiene más trámites que un juicio. Empiezan con crema para hidratar la piel, de compuestos activos de aloe vera, eucaliptus y furúnculo de camaleón, maquillage con PH 5.5 para no irritar la piel, de todos los colores que hubiese sido la envidia para Pablo Picasso, bajo el párpado, sobre el párpado, debajo de la ceja va otro color para que no quede como prostituta francesa, un reboque fino de “        “ para tapar las imperfecciones de la piel, un tapa ojeras, un pintalabios, un depilacejas, una crema de limpieza y se sacan todo. Cortacutículas, esmalte para las uñas, que es un trabajo más complejo que el de chapa y pintura, las sandalias si van de vestido, las botas si van de pantalón, y para cuando llegamos a la fiesta nos putean todos por lo bajo.
Entre el hombre y la mujer no puede haber nada más que hijos, porque solo en eso son compatibles. Por eso estoy en contra de la iglesia y toda la homofobia que hay en este planeta, porque solo si sos puto o lesbiana vas a encontrar a la pareja perecta.

miércoles, 19 de diciembre de 2012


El Rey De Los Hotros
                                  El Colectivo
                 Por no tener auto me salvé de los repuestos, los precios de la nafta, la falta de gas en invierno, la desaparición física del gasoil dependiendo del precio del ...morrón, la VTV, el seguro, la policía cobrándome por olvidarme los documentos, familiares usándome de remís a altas horas de la noche, hermanos robándome las llaves, y sobre todo, de olvidarme las luces prendidas. Pero es al pedo salvarse de todo eso si después te acordás que los lugares a donde vas quedan lejos y tenés que caer en la pesadilla de viajar en... colectivo.
                A mi no me gusta viajar en colectivo, desde antes de subir al colectivo. A ver si nunca te pasó: te faltan unos metros para llegar a la parada, llega el colectivo, corrés para poder alcanzarlo mientras buscás la SUBE en tus bolsillos, y no la encontrás, y estaba ahí, la pusiste ahí y estás seguro de eso porque te acordás que siempre te pasa lo mismo, llegás a la puerta del bondi y el chofer te mira con cara de “encima te tengo que esperar”, lo mirás y sin gesto dejás que se vaya. Encontrás la puta SUBE cuando el colectivo ya está en la otra cuadra. Peor es cuando te fallan las monedas. Las monedas de $0,10 no son de confiar. Y de las monedas truchas no pasa ni una, son una cagada.
                Me acuerdo cuando los puchos estaban $1,20... y el bondi $0,75. Ibas a comprar un Philip de 10, pagabas con $2 y te daban $0,80 de vuelto con lo que podías viajar. Después llegó a costar $2 el philip de 10, así que pagabas con $5 para que te den una moneda de $1 y un billete. Empezaron a faltar las monedas y cuando ibas a comprar te exigían el cambio justo, “no tengo” decías vos, y entonces no te podían vender. Pagabas con $5 y te pedían $1 para poder devolverte $2. Pagabas con $10 y te devolvían $8 en billetes de $2. Pagabas con $20 y te devolvían $18. Pagabas con $100, te pedían $2. Y te devolvían $100!! Después apareció Cristina con una idea increiblemente original: sacó una tarjeta de crédito, como la tarjeta Monedero, la tarjeta de La Perlita, la llamó Sistema Único de Boleto Electrónico (SUBE) y exigió a todos los usuarios de colectivos que la tengan porque sino, se les va a hacer más caro. Listo, ya está. Adiós al problema para conseguir monedas. Te vas a volver puto tratando de conseguir la SUBE, pero ya no te preocupás por las monedas. Ahora te preocupás por los cigarrillos........ la yerba, el azúcar, la carne, la leche, el tomate, el morrón, y todo lo que necesitás para no morir literalmente de hambre.
                Igual, el problema de los colectivos no son las monedas, la SUBE ni los colectiveros. Son las viejas. Porque las viejas pegan más con la insinuación que con la palabra. Yo tengo un imán para atraer a las viejas que quieren mi asiento. Cuando sube una vieja empiezás a calcular la edad de los que están sentados, la distancia entre mi asiento y la puerta, quién está más cerca, quién se salva, quién debería pararse y ceder su lugar, obviamente yo no, ves a la vieja que se te acerca, te hacés el cansado, te desparramás en tu lugar para hacerlo creíble, hacés que tus ojitos tengan sueño, no sirve, la vieja se aproxima, te hacés el boludo como perro que lo están cogiendo, se te para la vieja al lado, te apoya el hombro con las tetas y/o cartera, y escuchás sus pensamientos: “te estás haciendo el boludooo. Yo sé que me viste. Te aviso, estoy más cansada de vos porque llevo vivido setenta años más que vos. Levantate, mocoso.” Y te tenés que levantar, porque sino te empiezan a mirar con cara de “es un maleducado”, “no respeta a los mayores”, “seguro que es un vago que viene de putas”, “qué fuerte que está ese flaco”, “mirame, mirame, mirame, mirame.....”
                Y las embarazadas, otras. A veces da la impresión de que quedaron embarazadas para viajar sentadas en el colectivo. Y yo con esta panza no logro nada. De vez en cuando entra una mujer con un cochesito de bebé, y el bebé ya tiene, por lo menos, edad escolar. Y duerme en el cochesito, nunca lo vas a ver más tranquilo. Pero la madre, que gozaba de la inteligencia que solo conquistan las madres, despiertan al nene, lo levantan del cochesito, y tratan de hacerlo dormir otra vez. Una vez el pibe en brazos, piden con cortesía “me permitís el asiento”, Y SE LO DAN!!
                -Date cuenta, pelotudo. Seguramente estuvo todo el día haciendo cosas y tiene que viajar en colectivo con una criatura. Creo que no está de más que le des el asiento. ¿Sabés lo que debe ser andar con un pibito para todos lados? La madre debe estar cansada, y el pibe también. Imaginate andar todo el día con un bolso que pesa entre 3 y 18 kilos para todos lados. Terminás hecho mierda del cansancio.
                -Si, pero a mí nadie me da el asiento. Y si la madre está cansada, yo también viejo. ¿O te pensás que vengo de dormir la siesta? Y si el pibe estaba cansado, la madre no debería despertarlo.
                Cuestión: A pesar de todo, viajar en colectivo no es tan mierda como viajar en tren. Y viajar en tren no es tan mierda como viajar en el tren de la línea Sarmiento. Es como la lluvia, viene por temporadas. Así que, decidí dejar de hacerme mala sangre por el transporte público y me compré un Fiat 1500 que encontré en oferta, venía con una muñeca inflable pinchada y media bicicleta. Así que, ahora no hay quién me salve de los repuestos, los precios de la nafta, la falta de gas en invierno, la desaparición física del gasoil dependiendo del precio del ...morrón, la VTV, el seguro, la policía cobrándome por olvidarme los documentos, familiares usándome de remís a altas horas de la noche, hermanos robándome las llaves, y sobre todo, de olvidarme las luces prendidas.
                

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Frases Célebres de Grandes Celebridades


"¡EUREKA! ¡LO ENCONTRÉ!"
Arquímedes (ca. 287 a. C. – ca. 212 a. C.)

"¡La puta, que vale la pena estar vivo!"
Hector Alterio, Caballos Salvajes.

"Soda Stereo fue como la secundaria, estuvo buenísima, pero ni en pedo la hago otra vez."
Gustavo Cerati, años antes de la vuelta de Soda Stereo.

"Lo Esencial es invisible a los ojos"
Antoine de Saint-Exupéry (El Principito, Abril 1943)

"El ojo por ojo nos enceguece".
Mahatma Ghandi

"Todos necesitamos cariño"
Diego Armando Maradona

"La pelota no se mancha"
Diego Armando Maradona

"Que la sigan chupando"
Diego Armando Maradona

"Hablando de eso, te mando un beso"
Belén Francese

"Yo Soy El Diego"
Diego Armando Maradona

"El último cierra la puerta"
Diego Armando Maradona

"Traeme una coca y un paquete de yerba"
Diego Armando Maradona

"Servime más vino"
Diego Armando Maradona

"Yo digo HOLA y Maradona dice CHAU"
Hotros King

"Chau"
Diego Armando Maradona