-Para empezar el
video, tirar preguntas o frases cortas, representarlas. Por ejemplo:
“¿Soy
consciente de que soy ansioso? ¿Cómo detectar un nivel elevado de ansiedad? Eso
no lo sé, y no veo la hora de averiguarlo.”
(Mostrar video de mí
fritando una milanesa, y como tarda mucho decido comerla cruda, sacándola de la
sartén con un tenedor y amagando a comerla entera. Clavo la cámara ahí,
renderizar en JEPG, para tener una instantánea de igual calidad sobre el último
fotograma. Acercarlo mientras sigo hablando. Acá puedo hacer el efecto “Sin
Limite” con fotos).
La
vida es una sala de espera. Esperás a que el médico te atienda, esperás a que
el semáforo te deje pasar, esperás a que tu hermano y sus amigos suelten la play
que los tuyos se están durmiendo, esperás el viernes, esperás ¡las comidas
rápidas! Eso es el colmo. Debería llamarse “Comida a Media Máquina”, la comida
rápida es un sanguche de salame y queso, un paquete de galletitas, pero
esperando las comidas rápidas, lo primero que te sirven son las uñas, para que
te las comas mientras esperás. Pedís una pizza por teléfono, te atienden re
apurados, esto va a llegar rápido, hoy comemos temprano. “Mandame una pizza y dos fainá, una coca grande y servilletas que me quedé
sin estopa.” “¿Cómo quiere la pizza?”
“Rápido la quiero. Te paso mi dirección:
Treinta y tres Uruguayos 1589, planta baja depto A de Apurate que tengo hambre.
¿Cuánto hay de demora?” “Calculá unos
cuarenta minutos”. “¿Por qué tanto?
¿La traen rodando? No, dejá que la voy a buscar yo.” Cortás, llamás a la
remisería. “Traeme un auto, ¿Cuánto hay
de demora?” “Hora y veinte más o
menos. ¿Se lo mando igual?” “No,
mejor ándate a la puta que te parió”. Cortás, te das la cabeza contra la
pared y gritás ¡¡TENGO HAMBRE!! Te vas caminando, apuntás a la pizzería y te
cruzás con un barsito. “Ya está, como acá. ¿Y la pizza? Que se la meta en el
culo”. Punto Número uno: Si no querés morir de ansiedad por esperar la pizza
seguí este sensillo procedimiento: Tratá de tomarte una coca-cola grande entera
en un minuto y medio. No sirve para nada pero al menos te vas a entretener
eructando.
Vamos
a agilizar los trámites. Te compraste un
teléfono que vale lo mismo que tu televisor. Como este. Uy, mirá, tiene
Whatsapp, tiene WeChat, Tiene Facebook, tiene GPS (que significa Ganga Para
Siomes), y las aplicaciones de un teléfono común y corriente: calculadora,
linterna que no alumbra, una cámara de la re puta madre profesional para sacar
solo fotos movidas y un juego que es de lo más estúpido y aburrido. Vamo’ a
mandarle un mensaje a Carlitos. (Escribo un texto corto) Listo, enviar. ¿Qué
mierda pasa que no lo manda? ¡Mandalo, mándalo! Ahí ta, ya mandó. ¡CONTESTÁ,
CONTESTÁ! El GPS del teléfono me tarda media hora en marcar un recorrido en
auto. Si tuviese auto, tiro el teléfono por la bocacalle, porque voy caminando
y llego a destino antes que el GPS. Los fanáticos del teléfono y todas las
aplicaciones tienen el teléfono en la mano las 24 horas del día, y de la noche
también. Pero cuando los llamás no atienden. Suena cinco veces y cortás, sino
te atiende la mujer más odiada del mundo y encima te gasta crédito. Te quedaste
solo, vamos a buscar las porno arriba del ropero. Te subís a la esclaera y cuado
estás arriba se te rompe el peldaño y mientras vas cayendo vas rompiendo los de
abajo, exceto el último, que cuando lo pisás te fractura la gamba. Te arrastrás
hasta el teléfono y tratás de llamar a tu hermano que vive a media cuadra.
“Solo llamadas de Emergencias”. ¿¡Y qué mierda es esto!? ¿Un chisme? Llamás a
emergencias y te atiende una mujer de voz muy calma y dulce y sexy y fogoza y
te dice “Buenas Tardes, ¿Cuál es la emergencia?” “Conocerte, mi amor”. “ Señor,
este es un servicio público, no es para joder”. “No!, No, pará. Sí, tengo una
emergencia. Me fracturé la gamba. Necesito una ambulancia.” “Tenés una demora
de 40 minutos”, PERO Y LA PUTA MADRE Y ¡¡¡BUM!!! Reventás de ansiedad y bronca.
Punto Número 2: Si no querés morir de ansiedad por la tecnología que no
funciona, en plena era digital, “Tomate una dosis de chamamé, vení a divertirte
con “Amboé””.
Hay
que mejorar tu vida. Basta de esperar, la ansiedad es mala. Cuando notes
niveles elevados de ansiedad, bañate para relajarte, dormí para relajarte,
tirate en el piso de la cocina para relajarte, tomate una birra para relajarte,
y la madre del relax: hacete una paja para relajarte, que después te vas a
sentir como secién levantado: “Uy, fue fuerte esa, eh. Estuviste fantástica.
Muaa! Puaj!” Para cambiar tu vida tenés que cambiar tu estilo de vida de raíz. Te
hacés echar en tu laburo, y te hacen esperar el telegrama en casa. No te
alteres. Cambiás las sillas, la mesa, la cocina. Pintás tu casa, y la parte que
desespera es cuando tenés que esperar a que la pintura se seque. En la lata
dice de 2 a 24 horas de secado. ¿Por qué no ponen algo más específico? Esto es
lo mismo que decir “Vos pintá que algún día secará”. Me voy a dormir. Te
levantás al otro día, tocás la pared y está seca. Seca, las pelotas, te apoyás
con confianza mientras hablás por teléfono y te queda un dibujo abstracto en la
espalda. Punto Número 3: Si no querés morirte de ansiedad por esperar a que la
pintura se seque, antes de ponerte a pintar, hacete un baño de crema, pero en
vez de crema hacelo con pintura. Vas a desear que no se seque.
Algo
bueno tiene que pasar, y lo bueno que pasa cuesta mucho, y tarda mucho. Te hace
esperar. ¿Cuándo va a llegar el amor en mi vida? No veo la hora de que nazca mi
hijo. ¿Me van a ascender este año? ¿Cuánto falta para nuestro viaje de
vacaciones? ¿Cuándo viene la pizza? Y lo bueno es lo que trae ansiedad. Lo malo
preocupa. Lo bueno se ansía. Sino sería como “¡¡¡Llegó el día, carajo!!! ¡¡¡Hoy
me cagan a trompadas!!! Nada que ver. Yo soy muy cagón. Si sé que me van a
cagar a trompadas, no hay nada ni nadie que me saque de debajo de la cama. Y
las cosas buenas, si no es posible ir a buscarlas hay que esperar que a la vida
se le cante escupirte de alegría. Punto número cuatro: para no morir de
ansiedad esperando algo bueno, sé pesimista. El pesimista cree que nunca nada
bueno va a venir, y si viene va a ser menos de lo que esperaba. Y cuando llega
hace pum! Y estalla de alegría.
Antes,
en la época de tus viejos, las cosas no se controlaban tanto, como a qué hora
va a salir en avión, a tal hora empieza el partido, el puntaje del rating, la
graduación alcohólica, el ciclo menstrual… El ciclo menstrual se medía cada
tres meses, llegaba la señora de la casa y decía “ mi amor, vamos a tener
ooooootro hijo. Tengo un atraso de unos tres o cuatro meses”. Jajajaja, era cuando las ventanas se rompían
y veías al tipo salir corriendo. Muchos volvieron. Otros… como me contó mi
mamá, se los comió un oso… el oso lo vomitó y así lo encontramos de vuelta. Y
si querés tener un hijo, volvé al punto número cuatro, sé pesimista. Yo no
tengo hijos y digo en voz alta que no los quiero, como decía mi viejo, nomás
que él ya nos tenía. Y si no querés tener un hijo…. ¡¡Ponete un forro,
pelotudazo!! Sino se va a convertir en el polvo más caro de tu vida. Punto
número cinco: si estás esperando que venga ese hijo de puta que viene una vez
por mes y que justo agora no viene… vas a estar más apurado por conseguir un
buen trabajo que la ansiedad te va a chupar un huevo. Y si viene… Volvé al
punto número dos: tomate una dosis de chamamé, venía divertirte con Amboé…
Muchas
gracias, hasta la última!
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