sábado, 27 de julio de 2013

La Ansiedad Tiene Patas Largas

                 -Para empezar el video, tirar preguntas o frases cortas, representarlas. Por ejemplo:
“¿Soy consciente de que soy ansioso? ¿Cómo detectar un nivel elevado de ansiedad? Eso no lo sé, y no veo la hora de averiguarlo.”
(Mostrar video de mí fritando una milanesa, y como tarda mucho decido comerla cruda, sacándola de la sartén con un tenedor y amagando a comerla entera. Clavo la cámara ahí, renderizar en JEPG, para tener una instantánea de igual calidad sobre el último fotograma. Acercarlo mientras sigo hablando. Acá puedo hacer el efecto “Sin Limite” con fotos).
               
                La vida es una sala de espera. Esperás a que el médico te atienda, esperás a que el semáforo te deje pasar, esperás a que tu hermano y sus amigos suelten la play que los tuyos se están durmiendo, esperás el viernes, esperás ¡las comidas rápidas! Eso es el colmo. Debería llamarse “Comida a Media Máquina”, la comida rápida es un sanguche de salame y queso, un paquete de galletitas, pero esperando las comidas rápidas, lo primero que te sirven son las uñas, para que te las comas mientras esperás. Pedís una pizza por teléfono, te atienden re apurados, esto va a llegar rápido, hoy comemos temprano. “Mandame una pizza y dos fainá, una coca grande y servilletas que me quedé sin estopa.” “¿Cómo quiere la pizza?” “Rápido la quiero. Te paso mi dirección: Treinta y tres Uruguayos 1589, planta baja depto A de Apurate que tengo hambre. ¿Cuánto hay de demora?” “Calculá unos cuarenta minutos”. “¿Por qué tanto? ¿La traen rodando? No, dejá que la voy a buscar yo.” Cortás, llamás a la remisería. “Traeme un auto, ¿Cuánto hay de demora?” “Hora y veinte más o menos. ¿Se lo mando igual?” “No, mejor ándate a la puta que te parió”. Cortás, te das la cabeza contra la pared y gritás ¡¡TENGO HAMBRE!! Te vas caminando, apuntás a la pizzería y te cruzás con un barsito. “Ya está, como acá. ¿Y la pizza? Que se la meta en el culo”. Punto Número uno: Si no querés morir de ansiedad por esperar la pizza seguí este sensillo procedimiento: Tratá de tomarte una coca-cola grande entera en un minuto y medio. No sirve para nada pero al menos te vas a entretener eructando.
                Vamos a agilizar los trámites. Te compraste un  teléfono que vale lo mismo que tu televisor. Como este. Uy, mirá, tiene Whatsapp, tiene WeChat, Tiene Facebook, tiene GPS (que significa Ganga Para Siomes), y las aplicaciones de un teléfono común y corriente: calculadora, linterna que no alumbra, una cámara de la re puta madre profesional para sacar solo fotos movidas y un juego que es de lo más estúpido y aburrido. Vamo’ a mandarle un mensaje a Carlitos. (Escribo un texto corto) Listo, enviar. ¿Qué mierda pasa que no lo manda? ¡Mandalo, mándalo! Ahí ta, ya mandó. ¡CONTESTÁ, CONTESTÁ! El GPS del teléfono me tarda media hora en marcar un recorrido en auto. Si tuviese auto, tiro el teléfono por la bocacalle, porque voy caminando y llego a destino antes que el GPS. Los fanáticos del teléfono y todas las aplicaciones tienen el teléfono en la mano las 24 horas del día, y de la noche también. Pero cuando los llamás no atienden. Suena cinco veces y cortás, sino te atiende la mujer más odiada del mundo y encima te gasta crédito. Te quedaste solo, vamos a buscar las porno arriba del ropero. Te subís a la esclaera y cuado estás arriba se te rompe el peldaño y mientras vas cayendo vas rompiendo los de abajo, exceto el último, que cuando lo pisás te fractura la gamba. Te arrastrás hasta el teléfono y tratás de llamar a tu hermano que vive a media cuadra. “Solo llamadas de Emergencias”. ¿¡Y qué mierda es esto!? ¿Un chisme? Llamás a emergencias y te atiende una mujer de voz muy calma y dulce y sexy y fogoza y te dice “Buenas Tardes, ¿Cuál es la emergencia?” “Conocerte, mi amor”. “ Señor, este es un servicio público, no es para joder”. “No!, No, pará. Sí, tengo una emergencia. Me fracturé la gamba. Necesito una ambulancia.” “Tenés una demora de 40 minutos”, PERO Y LA PUTA MADRE Y ¡¡¡BUM!!! Reventás de ansiedad y bronca. Punto Número 2: Si no querés morir de ansiedad por la tecnología que no funciona, en plena era digital, “Tomate una dosis de chamamé, vení a divertirte con “Amboé””.
                Hay que mejorar tu vida. Basta de esperar, la ansiedad es mala. Cuando notes niveles elevados de ansiedad, bañate para relajarte, dormí para relajarte, tirate en el piso de la cocina para relajarte, tomate una birra para relajarte, y la madre del relax: hacete una paja para relajarte, que después te vas a sentir como secién levantado: “Uy, fue fuerte esa, eh. Estuviste fantástica. Muaa! Puaj!” Para cambiar tu vida tenés que cambiar tu estilo de vida de raíz. Te hacés echar en tu laburo, y te hacen esperar el telegrama en casa. No te alteres. Cambiás las sillas, la mesa, la cocina. Pintás tu casa, y la parte que desespera es cuando tenés que esperar a que la pintura se seque. En la lata dice de 2 a 24 horas de secado. ¿Por qué no ponen algo más específico? Esto es lo mismo que decir “Vos pintá que algún día secará”. Me voy a dormir. Te levantás al otro día, tocás la pared y está seca. Seca, las pelotas, te apoyás con confianza mientras hablás por teléfono y te queda un dibujo abstracto en la espalda. Punto Número 3: Si no querés morirte de ansiedad por esperar a que la pintura se seque, antes de ponerte a pintar, hacete un baño de crema, pero en vez de crema hacelo con pintura. Vas a desear que no se seque.
                Algo bueno tiene que pasar, y lo bueno que pasa cuesta mucho, y tarda mucho. Te hace esperar. ¿Cuándo va a llegar el amor en mi vida? No veo la hora de que nazca mi hijo. ¿Me van a ascender este año? ¿Cuánto falta para nuestro viaje de vacaciones? ¿Cuándo viene la pizza? Y lo bueno es lo que trae ansiedad. Lo malo preocupa. Lo bueno se ansía. Sino sería como “¡¡¡Llegó el día, carajo!!! ¡¡¡Hoy me cagan a trompadas!!! Nada que ver. Yo soy muy cagón. Si sé que me van a cagar a trompadas, no hay nada ni nadie que me saque de debajo de la cama. Y las cosas buenas, si no es posible ir a buscarlas hay que esperar que a la vida se le cante escupirte de alegría. Punto número cuatro: para no morir de ansiedad esperando algo bueno, sé pesimista. El pesimista cree que nunca nada bueno va a venir, y si viene va a ser menos de lo que esperaba. Y cuando llega hace pum! Y estalla de alegría.
                Antes, en la época de tus viejos, las cosas no se controlaban tanto, como a qué hora va a salir en avión, a tal hora empieza el partido, el puntaje del rating, la graduación alcohólica, el ciclo menstrual… El ciclo menstrual se medía cada tres meses, llegaba la señora de la casa y decía “ mi amor, vamos a tener ooooootro hijo. Tengo un atraso de unos tres o cuatro meses”.  Jajajaja, era cuando las ventanas se rompían y veías al tipo salir corriendo. Muchos volvieron. Otros… como me contó mi mamá, se los comió un oso… el oso lo vomitó y así lo encontramos de vuelta. Y si querés tener un hijo, volvé al punto número cuatro, sé pesimista. Yo no tengo hijos y digo en voz alta que no los quiero, como decía mi viejo, nomás que él ya nos tenía. Y si no querés tener un hijo…. ¡¡Ponete un forro, pelotudazo!! Sino se va a convertir en el polvo más caro de tu vida. Punto número cinco: si estás esperando que venga ese hijo de puta que viene una vez por mes y que justo agora no viene… vas a estar más apurado por conseguir un buen trabajo que la ansiedad te va a chupar un huevo. Y si viene… Volvé al punto número dos: tomate una dosis de chamamé, venía divertirte con Amboé…
                Muchas gracias, hasta la última!